Este es el barrio en el que trabajo. Hace un siglo más o menos fue un barrio muy popular entre políticos y artistas. Las geishas gozaban de una gran popularidad por entonces y la discreción que brindaban los ryoutei atraían a los clientes que querían hacer negocios tranquilamente.
Desde la primera vez que puse el pie en Kagurazaka tenía ganas de perderme en los laberintos de callejuelas adoquinadas y hacer fotos tranquilamente. Dicen que aún quedan geishas trabajando por aquí y a veces da la sensación de que va a aparecer una de detrás de alguna tapia, aunque no creo que sea tan fácil verlas.